El ejemplo
Ana pagó una propina modesta. Su transferencia compite con miles de otras, algunas con propinas más altas y otras que alguien quiere colocar justo antes o después de una operación grande en un DEX.
Ethereum
Cada 12 segundos, el protocolo elige al azar entre los validadores quién propone el bloque de ese turno (slot). En la práctica, la mayoría de los proponentes no arma su propio bloque: lo compra. Constructores especializados (builders) arman bloques ordenando transacciones para maximizar lo que pagan y los ofrecen a través de relays con MEV-Boost. El proponente firma el que más le paga.
Cada bloque tiene un tope de gas. La comisión de Ana tiene dos partes: la tarifa base, que se ajusta sola según lo lleno que vino el bloque anterior y se quema, y la propina, que va a quien produce el bloque. Si la tarifa base sube por encima de la comisión máxima que Ana aceptó, su transacción espera.
El orden también vale dinero. Un constructor puede rodear una transacción con otras para aprovechar un cambio de precio; ese beneficio se llama MEV, el valor máximo extraíble. La transferencia de Ana no ofrece nada que extraer, así que su lugar depende casi solo de la propina.
Avalanche
En la C-Chain, cada validador arma bloques con un constructor dentro de su propio nodo, que ordena las transacciones del mempool por la propina que ofrecen. No existe un mercado externo de constructores tan extendido como el de Ethereum.
Para decidir quién propone, Avalanche usa Snowman++: para cada altura de bloque se eligen algunos validadores, con probabilidad según su stake, y cada uno tiene una ventana de tiempo exclusiva para proponer. Si ninguno lo hace, cualquier validador puede. Así se evita que muchos propongan a la vez sin depender de un único proponente.
A diferencia de Ethereum, en Avalanche toda la comisión se quema, propina incluida; los validadores ganan con las recompensas de staking. La propina sirve para conseguir prioridad, no para pagarle a alguien.
Solana
En Solana no hay un sorteo por bloque: al inicio de cada época se publica un calendario de líderes, ponderado por stake, y cada líder produce bloques durante cuatro turnos seguidos de unos 400 milisegundos. Cuando le toca, su unidad de procesamiento toma las transacciones que recibió y decide cuáles ejecutar.
El criterio principal es lo que paga cada transacción por unidad de cómputo. Toda transacción paga una tarifa base fija por firma y, si quiere prioridad, un precio por unidad de cómputo que declara de antemano. La mitad de la tarifa base se quema; la comisión de prioridad va entera al líder.
Como cada transacción declaró qué cuentas toca, el líder puede ejecutar en paralelo las que no compiten entre sí. La de Ana solo escribe en su cuenta de token y en la de Beto, así que corre junto a miles de otras. Muchos validadores además usan un cliente que subasta paquetes de transacciones (bundles), el equivalente en Solana al mercado de MEV de Ethereum.
En resumen
En Ethereum, elegir transacciones es un mercado con intermediarios. En Avalanche es una tarea del propio validador, con toda la comisión quemada. En Solana es el trabajo de un líder conocido de antemano, que ordena por precio y ejecuta en paralelo.
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Actúa como mi tutor de blockchain. Inventa siete transacciones pendientes con distintas propinas y cuentas, dos de ellas escribiendo en la misma cuenta. Pídeme que arme el próximo bloque como lo haría un constructor de Ethereum, un validador de la C-Chain de Avalanche y un líder de Solana, y que diga en cada caso quién se queda con la comisión y qué parte se quema. En Solana, pregúntame cuáles pueden ejecutarse en paralelo y por qué. Revisa mis respuestas una por una.